Alcoholismo

11 de October del 2016

Consideraciones generales
    En muy pocas ocasiones el paciente consulta directamente reconociendo su hábito etílico, y suelen ser las complicaciones orgánicas derivadas de su dependencia del alcohol las que le llevan a la consulta. En otras ocasiones, es la familia quien solicita ayuda o dicha solicitud se realiza por los problemas sociolaborales o legales que se han originado por el consumo de alcohol.
    Cuando el profesional de Atención Primaria detecta la dependencia alcohólica, su actuación ha de ir encaminada a facilitar la abstinencia y el mantenimiento de la misma. En primer lugar ha de establecer una relación de confianza que facilite el cambio de actitud del paciente y la comprensión de su problema.
    El tratamiento comienza con el inicio de la abstinencia o fase de desintoxicación para continuar con el mantenimiento de la misma o fase de deshabituación y, posteriormente, el seguimiento del caso.
Técnica
    Para Ilevarla a cabo es imprescindible contar con la colaboración del paciente y su familia. Para prevenir o paliar los posibles cuadros de abstinencia que se originen tras el abandono del consumo de alcohol, tendremos que tratar al paciente con:
Hidratación.
    Deberá tomar abundantes líquidos y zumos azucarados que le proporcionen un adecuado aporte de energía.
Vitaminoterapia.
    Los pacientes alcohólicos suelen presentar déficit vitamínicos por carencias nutricionales, vómitos y diarreas por malabsorción.
    Deberemos administrar vitaminas del complejo B, sobre todo B1, B6, B12 y PP en dosis altas los primeros días y posteriormente en dosis de mantenimiento los meses siguientes.
Sedación.
    Los fármacos más utilizados son el tetrabamato, el clometiazol, las benzodiacepinas de vida media-larga y los neurolépticos del tipo de la tiaprida.
    La duración del tratamiento de desintoxicación no debe superar los 7-10 días, reduciendo gradualmente la medicación.
Tetrabamato. Este fármaco apenas tiene efecto hipnótico o depresor central, no potencia los efectos del alcohol y probablemente carece de poder adictivo.
    Se puede comenzar con una dosis inicial de 600 mg cada 8 horas.
Clometiazol. Tiene la desventaja de ser un fuerte depresor del Sistema Nervioso Central, especialmente del centro respiratorio. Asimismo es hepatotóxico y posee potencial adictivo. Se utiliza a dosis de, por ejemplo, 600 mg cada 8 horas al iniciar el tratamiento.
Benzodiacepinas. Se pueden utilizar el clorazepato dipotásico (15 mg cada 8 horas) o el clordiacepóxido (20 mg cada 8 horas). Se metabolizan a nivel hepático, por lo que en pacientes con severa alteración hepática se prolonga su vida media. Presentan tolerancia cruzada con el alcohol y pueden producir dependencia.
Deshabituación.
    Es fundamental el mantenimiento de la abstinencia, para ello es imprescindible realizar el seguimiento del caso y recurrir a programas de deshabituación.
Seguimiento del caso.
    Se deben programar consultas sucesivas, al principio semanales o cada dos semanas, para luego irlas espaciando y realizar revisiones mensuales o cada dos meses por un tiempo no inferior a uno o dos años.
    En estas consultas se debe controlar el mantenimiento de la abstinencia así como reforzarla haciendo hincapié en las ventajas de no beber.
    Puede ser de utilidad en esta fase el uso de interdictores, aunque no tienen por qué administrarse de forma sistemática. Es preciso informar al paciente de que dichos fármacos no le disminuyen el deseo de beber sino que le ayudarán a rehusar la bebida. Asimismo habrá que informar de los efectos indeseables que se producirán si se mezclan con alcohol.
    Los interdictores, disuasivos o aversivos, son la cianamida cálcica, que se administra a dosis de 30 a 50 mg/día en dos o tres tomas, y el disulfirán a dosis de 250 mg/día, en una sola toma.
Los efectos secundarios más frecuentes de los interdictores son erupciones acneiformes, dermatitis atópica, urticaria y sabor metálico. Menos frecuentemente provocan laxitud, temblor, inquietud, cefaleas, mareos, trastornos gastrointestinales e impotencia.
    Están contraindicados si existen alteraciones cardíacas y respiratorias graves, encefalopatías, insuficiencia renal, insuficiencia hepática o durante el embarazo.
    A pesar del tratamiento las recaídas son un hecho frecuente en la dependencia alcohólica. El profesional de Atención Primaria debe intentar entonces aliviar los sentimientos de culpa del paciente y liberar la angustia de los familiares, haciéndo les ver a ambos que las recaídas son un hecho en la historia natural de su enfermedad. Lo importante es ver qué factores han facilitado su aparición y cómo se pueden modificar.
    Si a pesar de un tratamiento y seguimiento adecuados existe una evolución desfavorable en la dependencia alcohólica, con numerosas recaídas o falta de abstínencia y complicaciones somátícas, psíquicas y sociales severas, se deberá derivar el paciente a los programas especializados de salud mental o centros específicos para problemas de alcohol.
    Asimismo, tendremos que plantear esta posible derivación en casos de pacientes con hábito etílico de muy larga duración y/o patología psiquiátrica asociada o falta de apoyo familiar.
Actuación ante consumo de riesgo de alcohol.
    En ocasiones al profesional de Atención Primaria se le consulta por un problema que no tiene nada que ver con el alcohol, pero al realizar la Historia de Enfermería detecta un consumo de riesgo, sin que se acompañe de problemas somáticos, psíquicos o sociales. En este caso el objetivo fundamental ha de ser la reducción de la ingesta por debajo de los límites de riesgo, realizando Educación Sanitaria.