Rabietas

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I Descripción del problema.

Las rabietas son más fáciles de reconocer que de definir. Típicamente incluyen llorar, gritar, patalear u otras muestras de ira o frustración. Conductas menos dramáticas comprenden las quejas persistentes, los chillidos y la irritación.

A Epidemiología.

El 50-80 % de los niños de 2-3 años tienen rabietas al menos una vez a la semana y el 20 % al menos diariamente. El 60 % de los niños de 2 años con rabietas frecuentes continuarán teniéndolas a los 3 años. De éstos, el 60 % continuarán haciéndolo a los 4 años. La prevalencia de «rabietas» explosivas permanece aproximadamente en el 5 % a lo largo de toda la infancia. Las rabietas importantes se acompañan a menudo de otros trastornos de la conducta significativos, como trastornos del sueño o hiperactividad. Las rabietas no se relacionan con el sexo o la clase social. No existe una predisposición genética o familiar.

B. Etiología/factores contribuyentes.

1 Del desarrollo. Las rabietas aparecen cuando las emociones negativas de ira o frustración exceden de la capacidad del niño para controlarlas. En los niños pequeños, el conflicto entre el impulso por la autonomía y la dependencia continua crea frustración y estros emocional. Qué vestir, qué meterse en la boca, adónde ir y cuándo marcharse son muchas de las decisiones que los niños pequeños querrían tomar independientemente pero que no pueden hacer. El lenguaje, un medio crucial para la expresión emocional y la autorregulación, es habitualmente demasiado inmaduro para servir de ayuda. En los niños mayores, las rabietas pueden ser una conducta aprendida, reforzada por la adaptación de los padres o, paradójicamente, por la intensa atención negativa que despiertan.

2Temperamentales. El temperamento desempeña un papel importante Los niños nerviosos tienden a expresar sus sentimientos dramáticamente, los niños obstinados son propensos a demostraciones más largas; es probable que los niños con pautas de sueño o de apetito irregulares encuentren sus necesidades frustradas más a menudo.

3 Ambientales. Las rabietas pueden asociarse con un cierto número de factores ambientales, incluyendo el hacinamiento y el acceso limitado al exterior. Los riesgos familiares del aumento de rabietas incluyen el estrés familiar, la violencia doméstica, la depresión de los padres, el consumo de drogas, los castigos corporales frecuentes y la incapacidad de marcar límites firmes.

4 Orgánicos. Las infecciones respiratorias altas recurrentes, las alergias respiratorias, los trastornos del sueño, las pérdidas de audición, los retrasos del lenguaje y el trastorno del déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se asocian todos ellos con un aumento de las rabietas. Las rabietas también pueden estar incrementadas en el autismo, en las lesiones cerebrales traumáticas y en el retraso mental grave.

II. Reconocer el problema.

A. Signos y síntomas. Las características clínicas que diferencian las rabietas normales de las problemáticas se muestran en la tabla que acontinuación veremos

B. Historia: preguntas clínicas clave.

1. ¿Qué pasó exactamente la última vez que su hijo tuvo una rabieta? ¿Qué lo provocó? ¿Qué hico su hijo? ¿Cómo respondió usted? ¿Fue un episodio típico? Un relato paso a paso de un episodio reciente concreto puede proporcionar información crítica sobre lo que el padre o la madre quiere expresar por «rabieta» y sobre sus antecedentes y factores reforzantes. Asegurarse de preguntar sobre las consecuencias posteriores (como castigos al día siguiente o de premios especiales que puedan ofrecerse porque los padres se sienten mal por haberse enfadado tanto).

2. ¿Cuántas veces las rabietas terminan con que el niño consiga lo que quería? Cuando los padres capitulan después de una rabieta particularmente prolongada, de forma inadvertida están enseñando al niño a volver a repetirlo durante períodos cada vez más largos. En el lenguaje de los conductistas, las conductas mantenidas con un refuerzo intermitente son especialmente resistentes a su extinción.

3.¿Las rabietas aparecen también en la escuela además de en la casa? Los niños habitualmente son capaces de «contenerse» cuando están delente de sus compañeros. Las rabietas en la escuela pueden sugerir que el niño está experimentando un nivel más elevado de estros en la escuela debido a dificultades para aprender o para comportarse socialmente. Cuando un niño se comporta bien en la escuela, pero no en la casa, la atención debe dirigirse a las pautas de las relaciones familiares.

Características clínicas de las rabietas inexplicables

1. Un alto grado de preocupación, irritación o tristeza por parte de los padre

2. Las rabietas constituyen un problema si los padres así lo creen

3. El padre 0 la madre no cuenta nada positivo respecto al niño

4. El niño tiene más de 4-años o menos de 1 año

5. Las rabietas se presentan tres veces al día o más y duran más de 15 mi

6. Las rabietas ocurren regularmente en la escuela

7. Las rabietas se asocian a destrucción intencionada de objetos valiosos, ataques a otros niños,autoagresividad.

8. Existen otros múltiples trastornos de la conducta (p. ej., del sueño, del aprendizaje o de la interacción con los compañeros

4. ¿Están interés las rabietas en el comportamiento normal de la fa milla? Las rabietas requieren una inmediata atención si están motivando que los padres eviten ir a la compra, contratar «canguros» o invitar amigos a su casa.

5. ¿Tiene el niño otros problemas de conducta, como hiperactividad, enu resis o conductas agresivas dirigidas contra sus amiguitos o herma nos? Una pauta de problemas múltiples de conducta sugiere la necesidad de una evaluación psicológica más completa.

6. ¿Cómo se sienten cuando el niño coge una rabieta? Si los padres informan de un enfado extremo, vergüenza 0 culpa, estos sentimientos deben ser atendidos para que la intervención tenga éxito.

7. ¿Cuándo se va el niño a la cáma? ¿Tiene rabietas a la hora acostarse? ¿Ronca, respira irregularmente, duerme intranquilo o se despierta a menudo? Los trastornos del sueño sugieren cansancio como posible factor contribuyente. El horario irregular de acostarse y las rabietas a la hora de dormir pueden indicar una falta de estructura o un fallo por parte de los padres en señalar unos límites concretos.

8. Cuando el niño está contento, ¿cómo lo demuestra? ¿Expresa todas sus emociones intensamente? ¿Se obstiina en desasí ar a los demás hasta que lo supera o, al contrario, se distrae con facilidad? Estos problemas exploran los factores temperamentales contribuyentes. En ausencia de otras características preocupantes, un niño nervioso y obstinado en ocasiones tiene rabietas intensas y largas que pueden ser normales.

9. ¿Muestra el niño las rabietas más con el padre o con la madre? Las relaciones familiares pueden desempeñar un papel en el mantenimiento de las rabietas. Si ocurren más con uno de los progenitores (habitualmente la madre), puede ser porque sea más ambivalente al fijar los límites. Es posible también que el otro progenitor esté socavando sutilmente la autoridad de su pareja. .

Observaciones de la conducta, exploración física y pruebas. El proporcionar unos cuantos juguetes adecuados para la edad permite observar las habilidades de juego del niño (una indicación del nivel cognitivo y de la atención), así como su disposición a cumplir con la instrucción de recogerlos. No hay hallazgos físicos específicos, pero los signos de alergia («ojeras alérgicas», el pliegue alérgico), las otitis crónicas y la hipertrofia adenoidea (respiración bucal) pueden ser de ayuda. Un registro por escrito de las rabietas anotando la hora, duración, causas precipitantes y consecuencias puede ayudar a controlar la extensión del problema y cualquier mejoría que se produzca.

III. Tratamiento.

A. Objetivos primordiales.

1. Identificar los factores contribuyentes y, cuando sea posible, solucionarlos.

2. Aliviar la angustia de los padres ayudándoles a comprender la conducta de su hijo y corrigiendo las expectativas poco reales y los temores.

3. Ampliar el centro de atención, incluyendo el bienestar emocional a largo plazo del niño identificado y la calidad de las relaciones familiares

Estrategias de tratamiento iniciales

1. Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que «no».

2. Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable (p. ej., «¿Quieres tomarte la leche en el vaso azul o en el rojo?»).

3. Limitar las frustraciones atendiendo al temperamento del niño y sus ritmos. Los niños activos pueden necesitar correr cada día; los niños que tardan en «calentarse» precisan más tiempo para acostumbrarse a un nuevo ambiente; los niños que tienen hambre cada día a las 5 de la tarde necesitan tomar una merienda antes de cenar.

4. La negativa debe ser irrevocable. Muchos padres dicen «no» cuando realmente quieren decir «me parece que no». Cuando el niño protesta suficientemente, el padre 0 la madre cede, recompensando con ello la rabieta. Los niños rápidamente distinguen entre los «NOes» duros («No se juega con los cuchillos») y los «NOes» blandos («no hay galletas antes de cenar») y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros.

5. Los padres necesitan aprender a elegir sus enfrentamientos cuidadosamente y planearlos para ganar. Ignorar es una manera efectiva de impedir las rabietas o, al menos, de evitar reforzarlas. En algunos casos, sin embargo, dejar a un niño en medio de una rabieta puede hacer que éste se sienta más descontrolado y que suba de tono. Además, cuando los padres empiezan a ignorar las rabietas, éstas pueden intensificarse durante un período de días 0 semanas antes de empezar a ceder. Las instrucciones específicas a los padres sobre cómo reaccionar pueden ser útiles, por ejemplo: «Sepárese a dos pasos. Continúe haciendo lo que estuviese haciendo. No hable o hable sólo con un tono de voz neutral. Si su hijo está cerca de un objeto duro, mueva al niño o al objeto. No deje que el niño se haga daño o cause daño a nadie».

6. Asegurarse de que las rabietas no amenazan la autoestima como declaraciones humillantes después de la rabieta. Los padres deben hablar de «perder el control» en lugar de «portarse mal» y evitar hablar mucho de la rabieta después.

C. Criterios para consultar con un especialista. Si estas estrategias no conducen a una rápida mejoría, puede estar indicada una evaluación más amplia. El tratamiento estará regido por la valoración de la etiología. En algunos casos, las intervenciones efectivas pueden incluir sugerir a los padres encontrar grupos de juego u otros apoyos sociales.

La consulta con el especialista puede ser necesaria para el tratamiento de la depresión materna o paterna, el la violencia doméstica u otros problemas familiares. En general recomendamos la consulta al psocólogo siempre que los dos padres estén de acuerdo y consideren bueno otra opinión.